Martes 13 de Marzo

Todos los jinetes estaban trabajando cuando yo llegué; había mucha actividad; unos entrenaban en la pista y otros preparaban su montura para salir a ella
Un jinete pelaba un caballo con un peine eléctrico a la puerta de su box.  El caballo era nuevo en la cuadra; antes había estado libre en el campo. En las Caballerizas Reales los caballos suelen estar cubiertos con una manta sujeta con correas cuando están en su box, lo cual frena el crecimiento del pelo.
Al llegar me encomendaron a Imperioso;  mi trabajo consiste en entrenarlo dándole cuerda en el picadero. Imperioso es muy noble, pero no debo bajar la guardia, al primer despiste empieza a desmadrarse; cuando lo desplazo de un sitio a otro, debo asirlo corto del cabezal, por su izquierda y ligeramente por delante suya, que sienta que soy yo quien manda
Cuando me enseñaron a quitar los excrementos de dentro de los cascos al sacar el caballo del box, creí que nunca lo conseguiría, pues un animal tan grande no haría caso a un torpe aprendiz de mozo de cuadra; pero me equivoqué, ahora me parece tarea fácil, con solo darle un golpecito en el codo, me cede el casco bajo mi sorpresa y me deja manipularlo pacientemente.
Cuando lo dirijo hacia el picadero interior me acompaña un jinete a darle cuerda. Mientras el caballo gira en torno a nosotros, mi compañero me explica cómo trabajar el ejercicio; se fija en el paso, en la posición de la cabeza; cada detalle lo va corrigiendo dando tirones de la cuerda. Después de trabajar un rato, Imperioso empieza a sudar, lleva poco tiempo en Caballerizas y no está habituado a entrenar. Lo llevo a la ducha y termino en la puerta de su box tejiéndole bastas trenzas en sus crines para que pesen y se acostumbren a descansar sobre el lado izquierdo de su cuello.
Termino mi jornada limpiando cabezales. El cabezal es una herramienta muy importante para el jinete; con él maneja y transmite las ordenes al caballo a través de las riendas que conectan en el extremo con el filete, un artilugio que se coloca bajo la lengua del caballo.
Lo cuelgo de un gancho y con una esponja impregnada de un jabón neutro voy frotando cada pieza del cabezal hasta quitarle los restos del sudor; termino hidratándolo con grasa y colgándolo en su gancho del guadarnés, el cual parece el ordenado expositor del escaparate de una tienda equina .

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