Salí esta mañana temprano de Córdoba, había mucho tráfico; iba medio dormido y me mezclé entre los conductores que se dirigían hacia su centro de trabajo; intuía que unos iban a su oficina en el centro, otros a la nave del polígono del extrarradio, algunos camiones con su mercancía se disponían al reparto y yo, me dirigía a Cañete de las Torres, a trabajar como jornalero en la campaña de recogida de la aceituna.
Al salir a la autovía, me fue despertando un profundo horizonte de tierra calma iluminado con la luz del amanecer que me ayudó a comenzar el proceso de adaptación a mi nuevo medio.
Crucé algunas localidades cercanas a Cañete y noté el trajín de las caravanas de cuadrillas de jornaleros, facilmente identificadas por sus largas varas enganchadas a los carros y sus tractores tirando de remolques ahora vacíos.
El dulce olor de las balsas de alpeichín se mezcla con el de las chimeneas cuando entro en Cañete, y vuelvo a descubrir ese pueblo que se transforma cada año por las mismas fechas con la llegada de la Campaña de recogida. Vecinos y vecinas ataviados con su ropa de trabajo, los patucos para el barro y la talega de la comida se encaminan hacia el punto de encuentro de la cuadrilla, dispuestos a compartir las faenas en el campo.
Tengo media hora para preparar mi equipo si no quiero llegar tarde el primer día . Entro en la casa donde pasaré la temporada; cuelgo simbólicamente la ropa que traigo en el armario; al cerrarlo me alejo de Córdoba, de mi rutina urbana, del cole de las niñas, de mi mapas turísticos, de los paseos con la bicicleta, todo se queda en el armario mientras me visto como en un ritual con la ropa de jornalero que tenía preparada sobre la silla. Sólo me da tiempo a coger un par de latas, algo de fruta y un trozo de pan duro, le doy un trago al café del termo y al momento sacudo de mi cabeza la nostalgia para decidirme a bajar al cocherón, donde espera casi toda la cuadrilla para irse al tajo.
Asomé la cabeza por la esquina hasta que me vieron algunos compañeros y celebramos con una bulla el reencuentro.
El primer día de trabajo es el peor, retomar la labor tras meses de barbecho es como empezar a escribir tras un tiempo sin hacerlo, tienes que releer y repetir la labor hasta que quede al menos legible.
En el viaje hasta el tajo tuvimos el tiempo justo para contarnos las novedades desde la última Campaña pero al llegar nos pusimos a la faena.

