El Huerto de la Veguilla

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El comienzo del curso es un momento propicio para emprender nuevos proyectos y este Otoño se ha configurado para dar paso a una nueva experiencia, una actividad al aire libre, productiva y enriquecedora.
Mi amiga Mónica tiene un huerto en La Veguilla, una finca de árboles frutales, en una tierra fértil a orillas del Guadalquivir.  Flanqueado por un lado, por cientos de ordenadas filas de melocotoneros y al otro, por unos altos Nogales y Almendros, se encuentra el Huerto, una hoja de tierra, rallada en paralelos lomos coronados por las verduras y frutas cultivadas. Junto a éste y llena hasta el borde, está la alberca de que da de beber a la almunia.  Al pie de los árboles está la casilla, una construcción antigua, de anchos muros de ladrillo y un techo ligero de vigas de madera y tejas planas. Un cobijo con solera donde guardamos las herramientas. Allí, cada mañana, me calzo las blancas botas sobre el verde pantalón de aceitunero, en un rito corto pero solemne; como el que abre el ordenador sobre su mesa y prepara su plan de trabajo.
El proyecto es fruto del empeño de Mónica y el de José Manuel, su cuñado. Hace años; comenzaron con pocos metros y menos experiencia, tras varias cosechas y mucho trabajo, fueron ampliando el huerto y el conocimiento. Al comienzo de esta temporada me propusieron unirme a ellos, yo tenía tiempo libre y me apetecía invertirlo en alguna actividad productiva, así que acepté gustosamente enrrolarme en esta experiencia. 
 Me gusta cómo afrontan mis compañeros el cuidado del Huerto de la Veguilla; al ser ellos los primeros consumidores de los productos que cosechan le han sabido dar un extra de cariño.  ¿Por qué usar herbicidas para acabar con las malas hierbas si puedes quitárselas con tus manos y el almocafre? La satisfacción de ver los limpios lomos del huerto y un montón de forraje en el fondo de la espuerta vence al agudo dolor de espalda con el que acabamos cada jornada. 
Volvemos a casa con una bolsa de nueces, un puñado de almendras o varias granadas rebuscadas entre los frutales, y en pocas semanas, llegaremos con las brócolis, lombardas, lechugas, puerros, fresas, habas y otras hortalizas que pasaremos a cuchillo y se rehogarán en los fuegos de nuestras cocinas.

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