dudas resueltas

atardecer

El horizonte de mis sueños coincide con el ancho de la ventana de mi dormitorio. Cuando me acuesto me esfuerzo en  divisar entre los barrotes de la terraza y el sueño,  las luces de unos barcos fondeados frente a la playa del Palmar de Vejer.
Durante años esas luces fueron para mí un interrogante. Hasta que decidí una noche que eran cruceros de vacaciones que pasaban allí la noche  y soñaba que el capitán me invitaba a la cena de Gala y el resto del pasaje  se disponía a bailar en sus elegantes chaqués en el salón principal del lujoso barco
Tras descartar esa teoría, apareció otra segunda e inquietante en la que una petrolera estaba llevando a cabo unas prospecciones en busca de petróleo; la pesadilla de una marea negra de chapapote en las rocas de Zahora o en los acantilados de Roche me dejaba angustiado.
Con el paso de los veranos, fui descartando teorías, algunas muy imaginativas, como la construcción de plantas de energía renovable a través de las olas o de las corrientes, la cual perdió sentido tras el decretazo del PP o las conclusiones a las que llegábamos tras las copas de alguna velada en Tierra de Nadie en las que situábamos unas montañas submarinas de fina arena de playa y barcos que la succionaban con grandes bombas hasta enormes cargueros que la distribuían a lo largo de las playas cercanas.
No tenía sentido una base militar de la Armada ni tampoco una gran piscifactoría en mar abierto jalonadas de grandes focos  y fueron descartadas.
Pero allí seguían esas luces en el horizonte, noche tras noche las divisaba sobre el horizonte parpadeando cuando había oleaje y me acostaba con la inquietud rondando mi sueño; las preguntas sin respuesta me mecían hasta que conseguía adentrarme en él.
La pérdida de mis prismáticos y de la visión de lejos propia de la edad quitaron interés al misterio hasta que un día, me enseñaron una aplicación en el móvil donde ves, representados por iconos, los barcos que circulan por el mundo a tiempo real. Pero al irnos en el mapa hacia el horizonte de el Palmar, justo en el ancho de mi ventana, se localiza un «descansaero» en el límite de las aguas internacionales españolas.

Ese vocablo inventado, hace referencia a una zona en la que los barcos esperan órdenes de destino o simplemente fondean allí para evitar las tasas de los puertos que se encuentran en su ruta.

Ahí no acaban las prestaciones de la app, pues al dejar posado el dedo sobre el puntito del barco, te amplía la información con una foto y sus datos técnicos además de su ruta. Te traslada, mar adentro, a un buque gigantesco, de bandera de Liberia que transporta mil contenedores sobre el lomo con sus torres de grúas y su castillo de popa que se distingue en días claros. Una potente herramienta  que desmonta todas las descabelladas hipótesis que habíamos imaginado.

Me recuerda a la irrupción en nuestras vidas de la App del Tiempo que acabó  de un plumazo con las decepcionantes excursiones a la playa en las que volvíamos empapados de una inesperada tormenta.

ilustración de Rafael Obrero

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