Sábado 2 de Febrero 2013

La Campaña llegó a su fin, y los olivos se despidieron de la cuadrilla agitando sus ramas erguidas y aliviadas de su carga.No durará mucho la tranquilidad en el olivar, la semana que viene vendrá una cuadrilla con sus motosierras para podar sus ramas y de esta forma guiar el crecimiento del árbol para que facilite la recolección a la cuadrilla, sustituyendo las viejas ramas por nuevos brotes, impidiendo que no crezca en altura. De los restos de la poda se aprovecharán los troncos para leña; y el resto, las ramas más finas, las prepararán en una larga fila en las claras de los olivos para para que pase un tractor con una picadora y lo convierta en pequeños trozos que esparce sobre el terreno y enriquece la cubierta vegetal.

Cuando esté terminada esta labor entrará el tractor con otro apero diferente y labrará la tierra para aprovechar el agua de las lluvias de primavera.

Y así llegará el descanso para los olivos, el rugido de los tractores callará, y el silencio permanecerá en el olivar por unos meses; ocasionalmente lo romperá el estallido de la pólvora de las escopetas en la veda de los conejos, los verdaderos moradores de los olivos, que son sacrificados de una forma sostenible para equilibrar su población.

Al día siguiente de finalizar la Campaña, como cada temporada, celebramos la Zambomba en el Cortijo, una fiesta en la que nos juntamos la cuadrilla con nuestras familias. Los mayores comentamos las anécdotas del trabajo y los niños corretean por el olivar y pisotean el trigo recién nacido de las tierras de cultivo de alrededor. Las barbacoas asan costillas en las brasas de la chimenea, la pata de jamón va adelgazando con el transcurso del día, y las cervezas nadan en las espuertas llenas de hielo. A veces surge una partida de cartas mientras otro grupo bromea imaginando cómo encontrarle novia al más callado de la cuadrilla. El sol va cayendo y el frío aprieta, nos despedimos deseándonos lo mejor para el resto del año; yo les amenazo con volver el año que viene otra vez, no se librarán de mí!.

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