Jueves 14 de Febrero de 2013

Haciendo balance, tras la campaña; analizando cómo ha sido la experiencia, miro los números y observo que hemos recogido menos de la mitad de aceituna que la pasada campaña, lo cual significa que el número de jornales se ha reducido en la misma proporción.

Este segundo año de trabajo en el campo, me ha enseñado una realidad que desconocía, el contraste de un año con otro. Hay factores que intervienen en cada cosecha que no cumplen ningún patrón y son ajenos a la voluntad del agricultor, como las lluvias y las temperaturas; otros factores dependen de decisiones que toma el empresario, como la fecha en que empieza a recoger la cosecha, qué labor le hace durante el año a los olivos, qué tipo de producto utiliza como fertilizante para mejorar el rendimiento o con qué herbicidas para acabar con las malas hierbas. Pero la voluntad del olivar está por encima de esos factores, el numero de kilos lo marcará alternativamente cada año a capricho.

La Campaña ha sido muy positiva para mí, la ausencia de accidentes en la cuadrilla en el transcurso del trabajo, la convivencia y solidaridad de la cada uno en el desarrollo de su trabajo y la satisfacción de trabajar en un entorno natural tan agradable como el olivar ha enriquecido la experiencia tanto o más que el pasado año, cuando llegué sin tener ni idea de esta actividad.

Por otro lado, las lluvias que cayeron durante la campaña marcaron una dinámica de trabajo que me defraudó enormemente, ante la imposibilidad de arrastrar los fardos por el barrizal q tuvimos por suelo este año, echamos abajo toda la aceituna para luego recogerla barriéndola y mezclando en el remolque la aceituna de vuelo y la de suelo, lo cual considero un sacrilegio a la hora de dar valor a la calidad del producto final, el aceite.

Ya acabó la Campaña; lavé y doblé mi ropa de jornalero y la dejé ordenada en un armario dispuesto a usarla el próximo año, a mancharla de aceite al arrodillarme en el suelo sobre las aceitunas, de barro arrastrado durante los días lluviosos, de polvo al cimbrear las ramas bajo el árbol en las horas calurosas del medio día o de agua sucia al hacerlo en las primeras horas de las mañanas húmedas. Cierro el armario y me invade la sensación de la prueba conseguida, del trabajo hecho; un resumen de buenos momentos me invade, miro adelante satisfecho.

Sería muy ingrato por mi parte cerrar este ciclo sin agradecer a los abuelos la hospitalidad que me dieron, la comida caliente de cada día y su interés por escucharme cada día contando mi experiencia. Gracias Pilar, gracias Paco.

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