Martes 6 de Marzo

Caminar hacia Caballerizas Reales es como pasear por la historia a través de las calles de Córdoba, esas calles que rodean este noble edificio están catalogadas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Al llegar a las cuadras, los jinetes están terminando de arreglar los boxes, cada cama con su serrín limpio y su ración de paja. Me incorporo a la faena enrollando las vendas de los caballos que quedaron tiradas en el cuarto de aperos tras el espectáculo, me ponen al día mis compañeros de las novedades en la cuadra. Nos interrumpe el repartidor de pienso con su furgoneta cargada de sacos de cuarenta kilos de comida cada uno, le acompañamos al almacén y entre los cuatro comenzamos a mover sacos hasta perder el aliento; al terminar, descansamos un rato sobre las cómodas alpacas de paja y volvemos a la faena.
Los bebederos de los boxes son automáticos, menos el de Lucero, que bebe de una espuerta porque se entretiene rompiendo los bebederos; suele pedir agua con patadas a la puerta del box; al oír los golpes, todos saben que Lucero tiene vacía su espuerta.
Cada caballo tiene sus manías, Lucero rompe los bebederos; Ministro no le gusta que le toquen las orejas, y has de tener cuidado al ponerle el cabezal, Alhakén siempre tiene el box muy sucio de excrementos y orines; la pasión de Rebujito es quitarse cada día la manta que tiene sobre el cuerpo abrochada entre las patas, los caballos pasan muchas horas en su box y esos largos ratos lo ocupan en sus manías.
Un nuevo caballo llegó a la cuadra, lo trajeron a media mañana, venía del campo, sucio y con las crines a jirones. Nos mandaron hacerle «una puesta a punto». Mi compañero  lo agarró con esa mezcla de firmeza, cariño y autoridad con la que trata a los caballos y lo llevó a la ducha, después le repasó con cuidado todos los pelos del rostro con unas tijeras, lo cepillamos y le rasuró la crin por el paso del cabezal. Ahora Imperioso ya es digno de dormir en Caballerizas Reales, solo falta conocer cual es su manía.

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