28 de Enero / 5930 kilos

Por fin es Sábado, sexto día de trabajo, ya necesito un descanso. Ayer vino la familia a pasar el fin de semana; mientras ellas desayunaban como reinas en casa de la abuela, yo me fui a trabajar sin mucha gana. Al llegar al punto de encuentro, no había nada más que dos compañeros; nos pasó por la cabeza que la lluvia de ayer había embarrado el campo y no trabajaríamos. De repente apareció el manijero, dijo que iríamos más tarde, pero que habría aceituna. Bien, aproveché para desayunar otra vez en casa.

Aún tuvimos que esperar un rato en el campo a que secase el olivo. Siguen repletos de fruto, le cuelgan racimos de aceitunas que caen en los fardos como aguacero al vibrarlo. Ayer me enteré que está en estudio un desfoliador, un producto que aplicado al olivo poco antes de recoger su fruto, debilita el rabillo de la aceituna lo suficiente para facilitar a la maquinaria tumbarlo con una pequeña sacudida. Otro avance en la técnica de la recogida que tendrá consecuencias colaterales en el número de trabajadores de las cuadrillas.

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