La nueva finca está junto a un cruce, a pie de carretera. Es muy particular porque el orden en el que están plantados los árboles, es caótico, un compañero me contó que los habían dejado caer desde el cielo y ala!, donde cayeran. Parece una tontería, pero a la hora de mover los fardos aquello se convierte en un laberinto. Al rato de empezar, me mandaron a llenar esportones, no sé si por el caos que yo organizaba cada vez que cambiábamos de olivo con los fardos o que me necesitaban allí. Celebré la llegada del aperitivo, pues hoy me iba tres días de descanso y se me estaba haciendo largo el día. La tarde transcurrió tranquila, ayudé a enganchar las fardillas al tractor; al recoger las herramientas, bromeó la cuadrilla con mis vacaciones, decían que mañana había gambones en el aperitivo para celebrar no se qué. Me consolé pensando en los peroles que hacen los bares de Córdoba el día de final de Año para sus clientes y me tomé un plato de potaje en la Corredera a la salud de mis compañeros.

