27 de Diciembre / 4610 kilos

Cerraba los ojos al sol, tras el almuerzo, me imaginaba 350 kilómetros más al Sur, en una playa de Cádiz gozando del mismo sol y del silencio…, hasta que el manijero gritó lo de «vamos, recogiendo los enseres» y me trajo a la realidad del tajo. El rato de por la tarde es el más duro, pues en la hora de la comida se te enfría el cuerpo y luego cuesta arrancar. El terreno en el que estamos trabajando estos días es muy agreste; además de la pendiente, tiene regueras; éstas son unos surcos profundos producidos por la lluvia, que cuando ponemos los fardos no se ven; pues allí se dobló mi tobillo esta tarde y caí rodando de dolor sobre el fardo. Los compañeros se acercaron a ayudarme, me trajeron agua; al rato el manijero me cambió a rellenar esportones, donde andaría menos. Cuando ya me duché en casa, salí a comprarme unas botas que me protegiesen el pie, atardecía, me parė en una esquina del pueblo, miré al horizonte donde hay campos de trigo, y vi ponerse el sol bajo un pantone de naranjas, me volvió a transportar al mar, la misma paz.

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