La Noche Blanca del Flamenco

Ayer, 21 de Junio, el calendario daba paso a la temporada estival con su solsticio y señalaba el Día de la Música, dos efemérides que coincidían caprichosamente con la celebración de la Noche Blanca del Flamenco en Córdoba.

Este festival nace hace siete años con el esfuerzo de las instituciones de programar en Córdoba eventos culturales para conseguir la Capitalidad Cultural Europea de 2016, junto a Cosmopoética, Eutopía y tantos otros. Algunos de estos acontecimientos han sucumbido a la crisis y otros han mermado su presupuesto acorde con la austeridad que vivimos.

La respuesta de los ciudadanos a esta convocatoria anual fue masiva. Por momentos, la jornada nocturna recordaba la Shopping Nigth, que se celebró dos semanas atrás, por el bullicio de las pandillas de jóvenes con la bolsa del refrigerio en mano y otras veces parecía revivir la madrugada del Jueves Santo viendo el éxtasis de los más aficionados al cante; la fusión de estas dos corrientes conformaba una marea de personas unidas por el flamenco que se dejaban llevar por el centro de la ciudad.

La puesta en escena de cada tablao era cada cual más grandiosa; cuesta elegir el mejor entre los que pude contemplar, no sé si la Mezquita al otro lado del río bajo la Torre de la Calahorra escuchando los Premios Nacionales de Flamenco o la fachada del claustro de la iglesia de San Francisco engrandecido con las alegrías que entonaba el Coro de Voces Jóvenes Búlgaras con Arcángel. El cante de José Mercé en la Corredera y el baile de Sara Baras en las Tendillas no dejaron de ser dos galas multitudinarias donde apenas llegué a ver y escuchar a los artistas desde lejos. Tuve que elegir a pesar mío y no pude gozar del marco del Patio de los Naranjos al compás de la Niña Pastori y tampoco llegué a escuchar al flamenco más canalla, el del jerezano Diego Carrasco cerrando la programación de esta larga noche en la plaza del Triunfo en el Entorno del Puente Romano y bajo el lienzo de la fachada sur de la Mezquita.

En esta séptima edición, se ha rendido justo tributo al maestro de la guitarra, al grande Paco de Lucía que interpretó con su guitarra los acordes de sus composiciones, acompañó a cantaores que hicieron leyenda y llevó con maestría el Flamenco por todo el mundo.

El publicó jaleó con largos oles a los cantaores y batió palmas al compás de los diferentes palos que interpretaron los cuadros flamencos y la magia emanó de una ciudad que sabe homenajear al cante que representa nuestra cultura.

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