La primera vez que llenas un esportón de aceitunas del suelo de un olivo te embriagas de un perfume intenso, el olor de cada mañana en mi tostada. Cuando has llenado cien esportones, respiras para captar un matiz nuevo, o para que te dé fuerzas para llenar el siguiente esportón. Hoy ha sido mi primer día de trabajo en la recogida de la aceituna, en una finca en Cañete de las Torres, en Córdoba. Vareamos y recogimos el fruto de cuarenta y cuatro olivos, pocos para toda una cuadrilla pero muchos para los tres compañeros que arrancamos la campaña de la recogida de la aceituna.

