26 de Enero / 8350 kilos

Hoy en día la recogida de la aceituna se enfrenta a un proceso de mecanización inevitable. Yo me pregunto, ¿están las cuadrillas abocadas a desaparecer?. El desarrollo de la tecnología puesta al servicio del agricultor es imparable, podemos evocar el día en que el hombre dejó de tirar del arado e incorporó a las bestias en el tiro; la evolución siguió hasta llegar a las modernas cosechadoras que van pasando por encima de las hilás de olivos recogiendo sus frutos, los tractores con brazos que agarran al olivo y lo vibran o los modernos tractores que van dosificando el abono con exactitud sobre inmensos campos sembrados guiados por un gps sin más referencia que un satélite.

Pero el empresario agricultor debe contar con muchas circunstancias adversas a la hora de planificar la recogida; por ejemplo, un año de lluvias haría imposible la entrada de cosechadoras al olivar, la aceituna habría que recogerla como tradicionalmente. Existen muchos olivares en donde no puede trabajar este tipo de maquinaria, ya sea por la excesiva pendiente o por las características de los árboles, como que estén demasiado juntos o que tenga varias patas el árbol, o la edad de los mismos. También hay quien cree que la vibración que hace el tractor sobre el olivo es agresiva, agita el árbol con tal violencia que puede perjudicar a sus raíces. El empresario se enfrenta a una inversión en maquinaria con una dudosa amortización.

En la empresa donde trabajo, además de dos vibros y dos sopladoras manuales, también trabajan dos tractores, uno con una torba donde vamos echando la aceituna de suelo y otro con una pequeña grúa que va recogiendo las fardillas con aceitunas de vuelo. Una gran ayuda que nos facilita el trabajo y seguimos siendo imprescindibles los trabajadores de la cuadrilla. 

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