
Mi quinta jornada en el campo. Las predicciones de los smart phones fallan frente a la sabiduría popular: mañanita de niebla, tardecita de paseo. Quien me diría a mí, cuando venia esta mañana desde Córdoba atravesando densos bancos de niebla, que acabaría sudando al sol del mediodía. Hoy me ordenó el manijero que cogiese una vara y le siguiese, él iba con el vibrillo, un motor que se cuelga al cuerpo con una correa y engancha un brazo a una rama que zarandea el árbol y hace que caiga el fruto ayudado por otro compañero con una vara que mientras golpea al olivo. No entendía por que se ponía un impermeable, hasta que agarró la primera rama y al zarandearla, las aceitunas caían acompañadas de un chaparrón, el agua que trajo la niebla.
