Cada año por estas fechas nos preguntamos ¿cómo es posible que en Córdoba programen las principales fiestas en un periodo de tiempo tan corto? las Cruces, los Patios y la Feria, todo en el mes de Mayo; a pocos dias de la Semana Santa y la Cata de vinos.
Durante el mes de las flores, los recuerdos que se lleva el visitante que viene a Córdoba son restaurantes abarrotados, precios de habitaciones por las nubes y colas a las puertas de patios, museos y monumentos. El resto del año vivimos en la antítesis de Mayo, casi once meses malviviendo de ofertas en hoteles, menús en restaurantes y desiertos monumentos.
Lo mismo ocurre con la costa, ¿Por qué es tan difícil vender Andalucía como destino de invierno en mercados rusos? O a los mayores del imserso de los países escandinavos ¿van todos los escolares franceses durante su semana blanca a esquiar a los Alpes.
El reto es traer fuera de temporada a los viejecitos de Centroeuropa a un balneario de Chiclana, o a los miembros de asociaciones deportivas de Noruega a pasar unos días haciendo yoga en un hotel de Zahara de los Atunes o captar colegios de niños alemanes para que se diviertan en los decorados del oeste en el desierto de Almería o en un camp surf en el Palmar de Vejer, traer grupos de norteamericanos que conozcan las almazaras de Jaén o las viñas de cualquier denominación de origen de nuestra tierra.
La clave está en promocionar con imaginación productos turísticos completos en mercados específicos.
A falta de un inversión en investigación y desarrollo en industrias alternativas al ladrillo y a la especulación urbanista en Andalucía, como puede ser la producción de energía o la industria agropecuaria, nos queda el turismo; y para que esta industria sea rentable hay que encontrar visitantes que quieran venir los restantes once meses del año.
Mayo en Córdoba
