A lo largo de la Historia de nuestra raza hemos mantenido un continuo conflicto con la Naturaleza y este entorno que nos ha albergado con infinita paciencia ha decidido rebelarse contra nosotros.
El ser humano no olvidará la Pandemia del año 2.020 ddC tal como no olvidó las glaciaciaciones que pusieron en jaque nuestra existencia. El cambio climático, el agujero de ozono, el grito de ahogo de las especies extinguidas y los continuos avisos no son suficientes para hacernos reaccionar ante el abuso constante de recursos.
Las teorías negacionistas alimentadas por los intereses de constante crecimiento positivo han impedido una evolución sostenible en armonía con nuestro entorno.
La voz de famosos activistas, el trabajo de líderes anónimos, la indignación de adolescentes con inquietudes ecologistas han clamado contra los delitos ecológicos flagrantes y como respuesta han obtenido poco mas que insultos y amenazas sin escrúpulos.
Ha sido un pequeño ser vivo, un virus llamado Covid 19 el que ha liderado esta Rebelión en la Naturaleza. Este protozoo ha plantado cara a la raza humana y nos ha hecho confinarnos durante tres meses. Ha parado los pies a los poderes financieros, a las compañías petrolíferas, a la industria turística, a las grandes constructoras, a todas las ha mandado a casa.
LLevo tres meses fascinado desde mi confinamiento, de tres en tres semanas encerrado entre Tierra de Nadie y la Sierra de Córdoba, acompañado de amigos aquí y junto a mis hijas allí.
En estos tres meses la Pandemia se ha llevado muchas vidas por delante y parece que solo es el principio. Quedan meses de incertidumbre, de dramas colaterales y de tiempos oscuros.
Hace días escuché a Merkel en un discurso a la nación, una frase muy coherente; decía que “de esta crisis solo saldremos con solidaridad y sentido común” y cuando salgamos… ¿habremos aprendido algo?
